Published On: Sab, Dic 11th, 2004

Jamón, jamón

Consumidores andaluces: no permitáis que la preocupación por la cena de Navidad os nuble la vista: abrid los ojos. Si visitan vuestras casas individuos enmascarados ofreciendo paletillas de pata negra al precio del salchichón, cerrad vuestras puertas y pedid socorro: la banda de los jamones ataca de nuevo.

Esta terrible organización criminal comenzó sus andanzas delictivas en abril, robando un par de jamonerías en Jimera de Líbar y Faraján. El último operativo fue contra un local de Ronda. Hasta el momento sólo han actuado en tierras malagueñas, aunque se sabe que ha habido “copycats” (imitación de conductas) en otros puntos de España.

Pero la auténtica “banda de los jamones” posee un rasgo distintivo: no quiere dinero, no quiere maquinarias, ni siquiera otros embutidos: su único objeto de deseo son los jamones. Eso sí, jamones de calidad, ya que puestos a robar, hay que robar con criterio. Se ha llegado a suponer que los miembros de la banda padecen algún tipo de bulimia selectiva. La policía, más sensatamente, aduce que roban mercancías muy codiciadas por el público y fáciles de colocar en ferias y tiendas de Andalucía, patria aparente de la banda. Así, sospechan que el lote robado en abril se ha podido vender en la feria de Sevilla y que otro botín obtenido en junio se distribuirá en otros puntos de la comunidad aprovechando las fiestas Navideñas.

El modus operandi del grupo no reviste complicaciones: a fuerza de cizalla, forzando persianas y rompiendo cristales, penetran en las jamonerías cuando su informante (toda banda que se precie debe tener al menos uno) les comunica que acaba de llegar una partida de embutidos. Allí hacen presa de jamones y paletillas de pata negra, jamones gran reserva y jamones blancos de calidad extra. Por cierto, los robos se ejecutan con gran consideración hacia el elemento humano, fuera del horario laboral, lo que no sólo permite realizar una tranquila tarea, sino que salvaguarda la integridad de los trabajadores, que a la hora de los atracos se encuentran en sus hogares.

En suma, vecinos, que tengáis precaución y no compréis jamones sin factura. Aunque os mueva cierta simpatía por un grupo de tales características y os tiente el aroma del jabugo ahumado, pensad que os pueden encarcelar por cómplices. Y nada más. A buen jamón, pocas palabras.

Inés Álvarez



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