Published On: Lun, Dic 20th, 2004

La puerta estrecha

La entrada de Turquía a la Unión Europea es un tema que ha dividido las posturas en Europa. Mientras algunos consideran la posibilidad de esta incorporación como un escalón hacia el progreso de la Comunidad en diversos sentidos, otros se oponen completamente al acuerdo, alegando diversas razones de orden político, económico, social y religioso.

Los esfuerzos de Turquía por acercarse a Europa comenzaron en la década del “60. El ingreso de este país a la Unión se consideró impensable durante mucho tiempo pero el 16 de diciembre, tras largas negociaciones, algunos cambios efectivos importantes y el compromiso de concretar otros, el gobierno turco logró un “sí” con muchas reservas por parte de los Veinticinco para iniciar las negociaciones de adhesión, que finalizarán hacia el 2014. Las opiniones, sin embargo, siguen divididas. Varios estados miembros consideran negativa la entrada de Turquía considerando algunas falencias de las que este país adolece con respecto a los estándares de la Unión.

Se le ha criticado a Turquía su larga resistencia a reconocer la República de Chipre, su economía deficiente con un alto índice de pobreza y su despreocupación por los derechos humanos, en especial por los derechos de la mujer. En los últimos años, sin embargo, el gobierno turco ha dado pasos certeros hacia la superación de estos problemas: ha firmado recientemente el protocolo aduanero de la unión reconociendo a Chipre como república, ha iniciado una etapa de modernización económica para luchar contra su alto índice de pobreza y ha comenzado a revisar sus carencias en el campo de los derechos de sus habitantes. Según lo que demuestra, el país está cumpliendo poco a poco todo lo que se le exige. Si toda su buena predisposición es cierta, podríamos pensar que en unos años más estaría en condiciones para la ansiada adhesión.

El mayor problema, sin embargo, está en su religión. El hecho de que Turquía sea un país musulmán está causando temor o rechazo por parte de amplios sectores. El temor viene de aquellos que se encuentran especialmente sensibilizados por el problema del terrorismo islamista, y el rechazo parte de algunas facciones xenófobas que no toleran lo diferente. Contra estas últimas no hay mucho que se pueda hacer, pero para tranquilizar a las primeras, creo que bastaría con reflexionar acerca de lo incorrecto de meter a todos los gatos en el mismo saco. Ya sabemos que no es sensato pensar que si hay un musulmán terrorista, todos ellos lo son. Además, ¿es razonable pensar que excluyendo a un país musulmán de la Unión evitaríamos problemas? ¿Acaso no está demostrado que en la sociedad más problemas surgen de la exclusión que de la integración?

Tal vez esta sea una oportunidad sin precedentes de lograr un avance hacia las buenas relaciones y la paz con el Islam, lo que redundaría también en beneficios para la economía provenientes de un mayor y mejor intercambio. Las diferencias culturales no deberían ser una barrera sino una oportunidad para el aprendizaje, y cualquier incomodidad provocada por esas diferencias se puede zanjar con la buena voluntad de las partes. Quizás me equivoque, pero pienso que ésta podría ser una vía de cambio novedosa y positiva. Y de cualquier manera, entrar en pánico ahora está completamente injustificado. Turquía apenas ha ingresado en la sala de espera para la negociación. Sólo el visto bueno de la Unión Europea completa le permitirá adherirse a la comunidad de naciones. Y este visto bueno se le dará sólo después de un duro examen que los turcos se están esforzando al máximo por aprobar.

Inés Álvarez



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