Published On: Sab, Ene 8th, 2005

Hecha la ley, hecha la trampa

Decía Sócrates que era indispensable para la vida de una nación respetar las leyes aunque éstas fueran injustas. El mismo filósofo fue víctima de una de estas injusticias, y aceptó la muerte que ésta le acarreó. Hoy los españoles sentimos en carne propia la insensatez de la ley. Uno de los mayores carniceros que han sembrado de ignominia nuestra historia va a ser puesto en libertad y tras él, varios de sus satélites. Y contra esta aberración, se nos dice, nada podemos hacer.

José Ignacio De Juana Chaos, etarra, miembro del Comando Madrid, autor de varios atentados que llenaron de luto la vida de España, asesino de veinticinco personas entre 1985 y 1986, condenado a tres mil años de cárcel, saldrá de prisión el mes que viene. A partir de ese momento y hasta 2007, otros cinco integrantes de ETA, responsables de los más sangrientos crímenes de la organización, cada uno también con miles de años de condena, gozarán del mismo impensable privilegio.

Todos estos individuos fueron juzgados conforme al Código Penal de 1973, que permitía la redención de penas por trabajo y no contemplaba un régimen especial para presos por terrorismo. Esta falla se intentó corregir con el Código de 2003, pero la Constitución prohibe la aplicación retroactiva de las leyes, por lo que desde el punto de vista penal, no hay ninguna solución para este caso, y los etarras serán excarcelados. No se puede impedir que los sujetos que se burlaron del dolor de toda la comunidad estén muy pronto paseando su sonrisa cínica bajo el sol. Se estaría violando la Carta Magna.

Sin duda hay muchos puntos de la ley que desconozco y por ello no puedo comprender cabalmente lo que ocurre. Ruego a los lectores bien informados me ilustren sobre el tema, porque tengo muchas preguntas que no puedo responderme y mucha rabia que no puedo combatir. ¿Es imposible modificar un procedimiento si tanto el pueblo llano como los propios magistrados, el partido de gobierno y la mayoría de los grupos políticos reconocen su irracionalidad? ¿No se pueden tomar medidas extraordinarias en estos casos? ¿Debe primar la letra sobre la razón? ¿Hay algo más detrás de este celo por cumplir las reglas cuando éstas resultan ofensivas para un país entero?

Pienso en el ultraje que estas liberaciones significan para las familias de las víctimas del terrorismo. En su día, ellos buscaron un mínimo consuelo confiando en la justicia; secaron sus lágrimas en la esperanza de que las leyes protegieran a la sociedad de los salvajes que destrozaron sus vidas. Imaginemos lo que están sintiendo ahora que las muertes de sus seres queridos parecen inútiles. Ahora que a la vuelta de cualquier esquina podrán cruzarse con las manos de esos asesinos. Por favor, necesito que alguien me lo explique. Parece que, igual que Sócrates, nos dejaremos matar por el cumplimiento de una ley injusta que, aún así, se erige con soberana frialdad por encima de los mismos que la crearon.

Inés Álvarez



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