Published On: Dom, Feb 6th, 2005

El espejo público

Científicos franceses han creado un espejo capaz de mostrar el envejecimiento. El invento, desarrollado por el Laboratorio Tecnológico de Accenture, es en realidad un sistema compuesto por un monitor de pantalla plana conectado a una serie de cámaras, a un procesador de imágenes y a un software. Este dispositivo, luego de evaluar según una cantidad de datos los hábitos de vida del observador, puede mostrar cómo será éste al cabo de cinco años.

Menudo chasco. Quienes tengan el valor de contemplarse en el espejo mágico podrán comprobar con espanto cómo su sedentarismo les irá depositando roscas de grasa alrededor de la cintura; verán cómo la amistad con el alcohol y el tabaco se paga con una piel descolorida, sucia y apergaminada; observarán las oscuras ojeras con que el café maquillará sus párpados y contemplarán la doble barbilla con que la comida-chatarra besará sus rostros.

Como nuevos Dorian Gray, aquellos que se entreguen a la experiencia única de confiar sus vicios y desórdenes al retrato cibernético, sufrirán la angustia de conocer por adelantado las consecuencias de su vida disipada. Según los diseñadores del implacable aparato de la verdad, esta impresión puede servir al usuario para que reflexione y cambie sus hábitos de vida nocivos antes de que éstos causen estragos. Las personas que sigan una alimentación saludable y hábitos de vida higiénicos serán recompensados con imágenes indudablemente más piadosas.

Ahora me pregunto si habrá muchos con las agallas suficientes para enfrentarse a sus dudosas costumbres. Sospecho que a quienes sólo piensan en vivir la vida loca poco les importa el mañana. Éstos, por lo general, no tienen previsto un mañana.Tampoco habría demasiados candidatos a pasar por la prueba del espejo si resultara que éste, al captar las intimidades del reflejado, también mostrara en su rostro las huellas de la mentira, el vicio, la ignorancia o la ambición.

Poco éxito le auguro a este cacharro demasiado sincero. Si el laboratorio confía su futuro a las ventas del súperespejo, pronto rodará cuesta abajo hacia la quiebra. Ningún adicto a las comidas rápidas, ningún amante de la noche, ningún ejecutivo sobreexigido, ningún ama de casa frustrada, se negarán a usarlo. Y son muchos. Tampoco se pondrá ante él ningún político, líder religioso o conductor de tevé. Aún más: se apresurarán a pedir que se prohiba su uso.

Inés Álvarez



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