Published On: Sab, Feb 19th, 2005

Tarjeta roja

Mientras pasa la jornada de reflexión, no estaría mal charlar de algún tema lejano a la política, al menos en apariencia. Por ejemplo: el “partido de la esperanza” que se disputó en el Camp Nou el pasado martes. De hecho fue el programa más visto del día. ¿Qué opinión os mereció? Pues a mí me produjo emociones totalmente opuestas: por un lado, me pareció un encuentro excelente; por otro, un pelmazo. He aquí las explicaciones del caso.

Hablemos primero del encuentro deportivo en sí: la organización fue impecable, contó con las mayores estrellas futbolísticas del momento y su finalidad era a todas luces encomiable. Como no se jugaba título ni copa algunos, los jugadores tuvieron oportunidad de demostrar sus habilidades dentro de un clima amistoso y relajado que les permitió no sólo lucir su destreza, sino también disfrutar del juego como nunca. Y eso se notó en el clima de entusiasmo general que rodeó al espectáculo. No olvidemos además que la recaudación del mismo se destinó a engrosar fondos de colaboración en favor de las víctimas del tsunami. Es el mejor corolario para un encuentro que reunió talento, arte, diversión y buenas intenciones. Hasta aquí, todo genial.

Ahora viene el segundo punto, que es un verdadero punto negro: el desempeño de los cronistas deportivos de Tele5 encargados de relatar el partido. Un muermo sin parangón. Si el evento no hubiera sido tan agradable de ver, estos señores habrían triunfado en su empeño por convertirlo en la más potente píldora somnífera. Observaciones pueriles, intervenciones banales, reiteraciones insoportables y cero información. La fórmula perfecta para estropear cualquier entretenimiento.

Los avezados periodistas de fútbol que con su conocimiento y don de la oratoria debían resaltar las cualidades de este poco común encuentro, adornaron las dos horas que duró el partido con frases tan brillantes y repetidas como éstas:

Se ve que los jugadores se divierten (7.485 veces).

¡Uh! ése podía haber sido un gol (365 veces).

Si éste fuera un partido en serio, ahora los rojos (o los azules) estarían nerviosos (1.292 veces).

En esta caseta nos estamos helando (211 veces).

Qué bien se la pasa Ronaldinho (2.764 veces).

Si éste fuera un partido de verdad, mi equipo habría ganado (5.009 veces).

Este tipo de comentarios los hace mi tío José que gusta de ver los partidos desde casa en pantuflas, o mi primo Carlitos, fanático del fútbol e hincha fiel al equipo de sus amores pero que reprobó Castellano todo el Instituto. De un periodista deportivo destacado en una ocasión tan especial se podría esperar que explicara los objetivos del encuentro, la cantidad recaudada, el destino de la misma, y por qué no, refrescar la memoria de los espectadores sobre la tragedia que sufrió el sur de Asia. Podían haber realzado la trayectoria de los jugadores participantes, hablado de sus perspectivas en los equipos a que pertenecen, destacando tal o cual estrategia preferida por cada uno.

Se podía esperar, en fin, que justificaran la posición privilegiada que se les había otorgado en una ocasión tan especial. Pero no pudieron. Parece que los comentaristas deportivos con que cuenta nuestra televisión fueran unos improvisados que se han colgado la etiqueta profesional de contrabando. No son capaces de ver las virtudes de un buen entretenimiento ni aún cuando están delante de sus narices. Para ellos, la única tarjeta roja de la jornada.

Inés Álvarez



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