Published On: Vie, Feb 25th, 2005

El hundimiento

Hace pocos días tuve el acierto de ir al cine para ver la película El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel. A pesar de las dos horas y media de duración del filme, que en algún momento se hacen sentir, me ha parecido un trabajo dignísimo y merecedor de todos los elogios. No sólo la imponente interpretación de Bruno Ganz en el papel de Hitler merece un aplauso cerrado: lo más interesante de esta producción es la honestidad con que el cine alemán ha logrado retratar un terrible momento de la Historia signado por el hombre que ha dejado heridas profundísimas en la humanidad.

Hirschbiegel logra recrear vívidamente los momentos previos al final de Adolf Hitler: la asfixiante atmósfera que se vive en el búnker donde el dictador está a punto de acabar con su vida, la desesperación de sus generales que, aún en completo desacuerdo con sus incoherentes órdenes le obedecen movidos por el miedo, el clima de muerte y destrucción que va ahogando a los protagonistas, respuesta inexorable al odio y la matanza que sembró el III Reich.

Ganz realiza una recreación del fúhrer que escapa al grotesco acostumbrado. Dificilísima tarea que lleva a cabo con maestría: brindar una interpretación cuidadosa, basada en el análisis histórico, despojada de rasgos tendenciosos pero conservando el halo de impenetrabilidad que caracterizó a Hitler. Vemos a un hombre desgastado, agobiado, y sin embargo aún capaz de arrebatos de la pasión desatinada que le permitió sembrar el fanatismo en millones de personas. Percibimos las contradicciones que lo sacuden, su imposibilidad de soportar la derrota; su absoluto desprecio por las vidas ajenas, tanto de quienes consideraba enemigos de su civilización soñada como de su propio pueblo; su obsesión por fundar aquella “raza superior” de la qué él mismo, considerando su ascendencia, habría quedado excluido.

Es interesante la visión del director acerca de Eva Braun: algunos historiadores habían hablado de un deje superficial en la compañera de Hitler; aquí Hirschbiegel se atreve a pintarla como una verdadera tonta de capirote. Una mujer preocupada por sus vestidos mientras el mundo se está derrumbando, mujer leal a su hombre hasta el fin, pero cuya fidelidad es casi un acto reflejo, como la de una mascota. Todo ha sido consignado cuidadosamente, ajustándose a información seria y detallada, una de cuyas fuentes ha sido una de las secretarias de Hitler, Traudl Junge, que cierra la película con su propio testimonio.

Esta es una obra que nos hace volver a reflexionar sobre el capítulo más trágico del siglo XX. Sin exageraciones, buscando todo el tiempo el difícil equilibrio de la verdad, con una consciencia pocas veces aplicada al cine, El hundimiento refresca la memoria sobre las consecuencias de la ambición demente que guió a un país hacia la conquista a sangre y fuego, hacia el ilusorio esplendor de la omnipotencia y la desastrosa caída de la que aún quedan huellas imborrables. Para aprender.

Inés Álvarez



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