Published On: Vie, Mar 11th, 2005

Así actúan los valientes

¿Qué se puede decir hoy, un año después, si todas las palabras parecen vacías? ¿Cómo homenajear a los que fueron arrebatados por aquella zarpa infame cuando todos los homenajes resultan huecos? Tantos actos por doquier, tantos tributos, melodías, poemas y flores. Todo sobra. Nada alcanza. Ningún discurso, por más sentido, podrá otorgar a las víctimas la justicia que una comisión inoperante no ha sido capaz de concretar. Y sigue en pie la pregunta que más dolor causa: ¿Por qué el terror se ensaña con los inocentes?

Hoy el cielo vuelve a ser gris de humo y llanto. Sólo el testimonio de los que estuvieron allí vale como imagen perenne. Para los demás, la memoria y el silencio. En este día es necesario ejercer el respeto. Que los poderes políticos y mediáticos no intenten ganar rédito con el desconsuelo y de una vez por todas hagan algo. Algo para que este horror no se repita. Para que los humildes no tengan que pagar nunca más por las locuras de los poderosos.

En este día millones de personas, desde el Parlamento Europeo y organismos internacionales hasta el último habitante del territorio español, recordarán aquel día. Autoridades de todo el mundo estarán presentes junto a nuestros más altos representantes para mostrar su adhesión al luto que hoy viste al país. Sin embargo, este día que demanda presencias se verá tiznado por una ausencia inusitada: el ex presidente Aznar no estará en España. El que debería ocupar la primera fila en esta conmemoración, ha decidido hacer mutis por el foro e irse a pasear a México. El que tuvo todo el mazo de cartas en el asunto no dará la cara. Una actitud que se le ha vuelto costumbre.

Parece que el señor Aznar tiene cosas más importantes que hacer. Tal vez ciento noventa y dos muertes no le signifiquen nada. Quizás no sienta ganas de oír los abucheos con que los familiares de las víctimas le darían la bienvenida. Es posible que aún quiera insistir en que el 11-M no tuvo nada que ver con su política exterior. Sea como fuere, José María Aznar ha decidido que hoy España no le resulta un escenario interesante. El epítome de la corrección y el buen gobierno faltará a la cita. Como buen discípulo del texano infalible, esconderá la cabeza igual que un avestruz. Bravo, José Mari. Así actúan los valientes.

Inés Álvarez



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