Published On: Sab, Mar 19th, 2005

Ecuestre lo que ecuestre

Es verdad que no se debe vivir en el pasado, pero tampoco hay que olvidarlo: es un gran maestro que nos enseña a evaluar nuestros errores para no volver a cometerlos. Por otra parte, no es lo mismo vivir en el ayer que subsanar los estragos dejados a su paso. Creo que el Gobierno Central empezó a intentar ese cambio cuando hace unos días retiró la estatua de Franco que aún señoreaba el centro de Madrid desde la plaza de San Juan de la Cruz. Y este deseo de cambiar las cosas ha desatado las iras del PP, cuyos inteligentes comentarios demuestran que la agrupación no se resigna a despedirse de lo que fue.

Eduardo Zaplana acusó a Zapatero de “abrir heridas y rencillas entre los españoles”. Me pregunto qué heridas estará abriendo al desmantelar un símbolo de la época más negra vivida por España. Posiblemente, las heridas de despecho de aquellos que aún respaldan el sistema del terror. Mariano Rajoy, a su vez, espetó que el PSOE retiró la estatua del Caudillo porque “algunos” (su palabra favorita) “viven en el pasado y hay que mirar al futuro”. Quisiera saber si dejar de venerar los emblemas de la vergúenza significa vivir en el pasado.

El PP ha caído en el hábito de la obviedad atribuyendo a sus rivales los defectos que ellos mismos padecen: el elogio al totalitarismo, la falta de libertad y el encumbramiento de la ignorancia

En un momento del mundo en que países como Argentina y Chile están tratando de limpiar su pasado de crímenes cometidos por dictaduras, en que Alemania reconoce su responsabilidad en el Holocausto como una mancha que ensuciará para siempre la imagen del país ante el mundo entero, intentar defender lo indefendible no hace más que perjudicar a los miembros serios que todavía puedan quedar en el PP. Es muy difícil salvaguardar la democracia mediante el reclamo de mantener lustroso el caballito de Franco.

Ha habido incluso algún trasnochado político popular que sugirió quitar también todos los viejos símbolos de la República. No sé, habría que pensarlo, pero tengo entendido que la República, a diferencia del Generalísimo, no se apropió del destino de España a sangre y fuego, sino que fue el resultado de un proceso político en el que intervino la decisión ciudadana.

Si las imágenes del franquismo son tan caras al corazón español, no sé por qué todas las comunidades autónomas se han adherido de inmediato a la idea central de eliminarlas. Todas las regiones han solicitado que se quite tal o cual estatua y hasta Santander, considerado el último reducto de las esculturas caudillescas, ha anunciado que las retirará de inmediato con toda calma y sin problemas.

El PP no entiende que reacciones virulentas como las que ha manifestado ante el desmantelamiento de la estatua ecuestre sólo provocan que se les caiga la máscara. Que se haga patente su romance interminable con los regímenes totalitarios y con las más conservadoras -y peligrosas- ideologías políticas y religiosas (que no es ningún secreto, vamos). Los populares no comprenden que el mundo ha cambiado, que la España de la prepotencia ya no existe, que debemos evolucionar. Para ello es necesario (y éste era el momento, no otro) “revolver el pasado” a fin de limpiarlo. De otro modo, los fantasmas del ayer volverán a cobrarse revancha. Y éso hay que evitarlo, como dirían Les Luthiers, “ecuestre lo que ecuestre”.

Inés Álvarez



Leave a comment

XHTML: You can use these html tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>