Published On: Lun, Mar 28th, 2005

Los defensores

Tienes que recorrer un viejo camino de una sola mano que atraviesa el campo. Luego de un rato de desconcierto, en medio de una parcela aislada de la civilización y prácticamente desconocida por todos, encuentras la puerta a ras del suelo.

Entras, y toda conexión con la realidad parece esfumarse: cruzas unas cámaras de aislamiento que te guían al destino principal, y finalmente te encuentras con una escena digna de los documentales sobre la llegada del hombre a la Luna: frente a dos enormes pantallas con información cambiante, un grupo de personas se sientan en hileras, cada uno ante su ordenador, pendientes de la señal de alerta que los sumergirá en una frenética labor contrarreloj.

Puede parecer una imagen de ciencia-ficción, pero es real: se trata de las oficinas centrales de Symantec, actualmente la compañía más importante en la venta de programas de seguridad en Internet. La firma, tal vez como metáfora de inviolabilidad, ha establecido su cuartel general en un viejo refugio antinuclear cerca de una aldea al sur de Inglaterra. El búnker es un souvenir de la Guerra Fría que fue declarado obsoleto cuando la caída de la Unión Soviética.

Desde el bloque subterráneo, los expertos controlan toda la red, en guardia ante la aparición de cualquier código destructivo contra el que deberán proteger a sus clientes. Armados de sus misiles virtuales, luchan denodadamente contra la insidiosa labor de hackers, “bots” y ladrones de identidad. La señal de alarma les provoca un pico de adrenalina y dispara una actividad febril dentro de las paredes de la sociedad de superhéroes de la Web.

Sin embargo, a pesar de su guerra antiséptica, los sólidos conocimientos de su plantilla y el trabajo incansable de la empresa, el búnker donde se refugia Symantec es más una expresión de deseos que un reflejo de infalibilidad. Aún siguen apareciendo virus de complicada estructura que corroen la net; los “software robots” continúan instalándose clandestinamente en los sistemas para enviar correo basura y atacar sitios de comercio electrónico. Y los ultravillanos de la película, los ladrones de números identificatorios, siguen robando las cuentas bancarias de individuos e instituciones.

Tanto trabajo y la creatividad demostrada en la elección de oficinas merecen un premio, así que seamos buenos y deseémosle al escuadrón antibichos un pronto éxito. Que pronto, muy pronto, los fantasmas de la piratería sean vencidos para siempre y los modestos usuarios nos sintamos a salvo de toda alimaña invasora, dentro del refugio impenetrable del software de seguridad.

Inés Álvarez



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