Published On: Lun, Feb 20th, 2006

Ronaldo, el malquerido

Ronaldo no es feliz. No le bastan los seis millones de euros que se mete todos los años en la saca; no le bastan los flashes de los miles de fans que le persiguen antes y después de cada partido; no le basta con las palmadas en la espalda de los hinchas. Exige cariño.

Ronaldo no se acaba de enterar de que el fútbol de hoy exige noventa minutos de esfuerzo a cada jugador porque si no corres durante todo el partido, llegan unos jovenzuelos de un equipo de nombre impronunciable de uno país del este de Europa y te mete un cuatro cero antes de que te des cuenta. Y luego a remontar.

Difícilmente podría un brasileño entender al público madrileño, rancio castellano, que igual premia una cabalgada para evitar un fuera de banda que la mas artística de las piruetas con el balón.

Parece que todavía Ronaldo no se ha enterado de por qué, siendo tan bueno como él piensa que es, lo vendieron los italianos.

Ahora que ya se empieza a acabar su vida deportiva ya es tarde para reflexionar y cambiar de actitud; Ronaldo ya sólo piensa que es que no se le quiere,. que él es demasiado bueno como para correr detrás de un mediocampista del Cádiz o para ponerse en la barrera. Eso puede funcionar cuando se está muy por encima de los demás o cuando nadie te conoce y se puede sorprender a todos pero a Ronaldo ya se le pasó el arroz.



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