Published On: Vie, Jul 27th, 2007

Luchar, sí, pero guardando las formas

Como sabemos, el ciclista danés del equipo Rabobank, Michael Rasmussen, se ha marchado del Tour por la puerta de atrás. Ha sido la “crónica de una expulsión anunciada”, pero quizás no haya siso la manera más elegante de llevarla a cabo, ni para su equipo, ni para la organización de la carrera. Este deporte está viviendo años difíciles y su recuperación se torna cada vez más complicada.

Ayer, Pedro Delgado se refería al hecho justificando que aún no existe ninguna norma que permita expulsar a un corredor por su presunta implicación en un caso de dopaje. Particularmente, estoy de acuerdo con él. Si bien es cierto que Rasmussen se ha comportado de una manera sospechosa, su equipo podía haber tomado la medida mucho antes y sin esperar a la decimosexta etapa, cuando ya era líder indiscutible de la carrera. La imagen siempre es importante, y el Tour debe cuidar algo más este aspecto para volver a gozar del prestigio de antaño.

Todos sabemos perfectamente las irregularidades que se comenten igualmente en otros deportes. Pero ya sea por la gran magnitud del mismo o por su poca mediatización, en ocasiones no interesa que trascienda a los medios. Injusto al igual que cierto, el ciclismo está siendo un poco “conejillo de indias” en materia de dopaje. No es bueno que se trate de manera frívola el tema, ya que pronto puede que esta mano negra se haga extensible a otros deportes y poco a poco empecemos a sospechar de todo aquel que destaque.

En lo que sí creo que coincidimos todos es que ahora, más que nunca, el ciclismo necesita mucha ayuda tanto de ciclistas como de los equipos, organizadores y medios de comunicación. Es un deporte extraordinario, en el que se desarrolla un esfuerzo descomunal por parte de los corredores y que produce en el espectador una admiración absoluta. Pero todo esto sólo tiene sentido si se mide a cada corredor con el mismo rasero, sin beneficiar a nadie con sustancias que le proporcionen mayor rendimiento. Que sean las características físicas, las horas de entrenamiento, la capacidad de sufrimiento y superación del deportista; en definitiva, aquellos aspectos que hace unos años eran los que prevalecían, las que determinen el resultado final de la carrera.

Dejemos a un lado los aspectos de marketing, empecemos a pensar en los deportes como tales, en personas o equipos que compiten con la única intención de ganar limpiamente sin hundir a nadie en el camino. Y si en el ciclismo en concreto, es necesario planificar etapas de sólo (por decir algo), 100 km no debería existir ningún tipo de reparo en ello.
Señores, a fin de cuentas, los que van subidos en las bicicletas son personas, aunque eso sí, de una madera especial.



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