Published On: Mie, Dic 12th, 2007

Los presos ya no mueren… en el acto

El Senado de Nueva Jersey ha aprobado una legislación para abolir la pena de muerte, y en su lugar establecer una condena a cadena perpetua. La medida es acertada, a mi parecer. Que un preso se someta a la pena de muerte por haber matado sin justificación alguna, considero que es justo. El problema viene a la hora de determinar los delitos que son merecedores de ese castigo, y sobre todo, estar seguro de que el sujeto es realmente culpable.

Y es precisamente de esto último de lo que se olvidaban con demasiada frecuencia. Yo creo que, ante la necesidad de encontrar culpables, muchas veces cogían a la persona que estaba en el momento equivocado en el lugar equivocado.Y a eso tampoco hay derecho. Sabemos que hay casos de españoles que fueron condenados a muerte allí y que se han salvado “in extremis” de tan fatídico final.

Como dije antes, si alguien mata a una persona injustificadamente, es merecedor de morir igualmente. No quiero decir que alguna muerte sea justificada, por supuesto. Con “injustificadamente” me refiero que no sea ante una situación límite y en defensa propia. Un ejemplo, si alguien viene a robar a mi casa mientras estoy durmiendo y me amenaza con una pistola o incluso me hiere, es lógico que, antes que morir yo, prefiera que muera el noble asaltante. Esto, a grandes rasgos, significa que a la menor oportunidad de dejarlo fuera de combate, no lo dudaré lo más mínimo. Sea al nivel que sea. Una situación límite es así. Por tanto, aunque no es justificable matar a nadie, porque siempre se puede herir sin matar, en determinadas situaciones, se puede entender una acción así. Probablemente aquí en España, tendríamos que indemnizar al asaltante de por vida, claro.

De ahí que la medida de la cadena perpetua me parezca acertada, porque no se toman decisiones irreversibles de manera precipitada y el que comete un delito grave lo paga en su justa medida. Con un juicio justo y pruebas debidamente contrastadas, se puede hacer pagar un acto delictivo.

Para todos quellos que estén a favor de la reinserción en la sociedad de presos que han llevado a cabo auténticas atrocidades, les invito a que encuentren algún ejemplo en el que se haya logrado tal efecto. No me refiero, por supuesto, al que robó un chicle en un centro comercial cuando tenía 6 años. Más bien al que se cargó en serie a 11 criaturas inocentes porque tenía un problema de ansiedad. Que eso también es gracioso, aleguemos que el chaval tenía doble personalidad, le había entrado una mota en el ojo, que lo hizo ponerse nervioso, unido a que en ese momento estaba en modo “personalidad chunga”, le creó un tic nervioso en el brazo, y debido a que él normalmente se suele rascar el cogote con la culata de una pistola porque le da más gustito, se puso a disparar a diestro y siniestro, con tan mala suerte de que le acertó a 11 o 12 personas que se cruzaron con él. Al final, en la calle a los 30 días y visita a un psicólogo.

Por eso , considero que es una medida intermedia entre una tan drástica como la pena de muerte y las inoperantes que mandan a la calle a un mal nacido que ha destrozado la vida de personas y familiares de éstas. Así se evita también poner fecha de caducidad a la hora de juzgar a nadie. Que no se tenga que volver a decir “…uy, pues resulta que no era él el culpable…”, mirando a un nicho en el cementerio.



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