Published On: Lun, Mar 3rd, 2008

Apoyo electoral

Los más románticos han dicho siempre que este mundo se mueve gracias al amor y que por él la gente pierde la cabeza hasta ser capaz de hacer tremendas locuras. Puede que este argumento funcione en películas de sobremesa o novelas con nombre de mujer porque, en el mundo que nos ha tocado vivir, si hay algo que lo sacuda, esa es la política.

Es periodo de elecciones en países tan importante como Rusia, Estados Unidos o España y no es de extrañar la tensión que existe en el ambiente al plantearse la posibilidad de que resulte vencedor el candidato que menos represente los valores que defendemos.

Para ello, las personas de a pie practican su derecho como partícipes de una democracia con el miedo y la resignación de asumir lo que pueda venir. En una democracia, todos los votos tienen el mismo valor, es por ello que algunas celebridades se empeñan en influir sobre el resto utilizando su imagen y dinero como recurso. Considero suficiente castigo el tener que soportar a los candidatos reproduciendo sus interminables y memorizados discursos sobre cómo van a mejorar nuestra vida y la del país cuando salgan elegidos como para que además tenga que aguantar que plataformas de artistas, en todas sus variantes, me pidan el voto para un partido u otro.

El utilizar el sector cultural como arma electoral es algo que no debería consentirse en un país como el nuestro, más que nada, para que luego no se eche en cara las medidas adoptadas en esa materia. El resultado de esto podría ser la conocida alegría por la aprobación del canon digital y compremsible miedo que pueden tener por la pérdida de éste si no coinciden los resultados en las elecciones. Todos queremos medidas que nos favorezcan.

Pero no es algo que suceda solo aquí. Actores estadounidenses apoyan las campañas de su candidato favoritos con grandes sumas de dinero e incluso videos promocionales. Me parece un insulto para el resto de la población que, seguramente, tenga más motivos para pedir esos votos. Dar nuestro apoyo aquellos que consideremos más aptos para gobernarnos es algo absolutamente lícito pero no olvidemos que el voto, por definición, es algo individual, secreto y voluntario. Aprovechar la imagen pública o los recursos para influir y manipular a alguien es un menosprecio a la inteligencia del pueblo. Son los futuros representantes los que han de influir y convencer. No lo olvidemos.



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