Al contrario de lo que suele ser habitual, últimamente me estoy encontrando bastantes argumentos en la red para justificar mi aversión a los gimnasios. Yo creo que nos hemos pasado tanto tiempo pensando en que deberíamos ir al gimnasio que al final hemos acabado creyéndonos sus bondades sin razonarlo lo más mínimo.

De entrada, supongo que todos estaremos de acuerdo en que lo mejor es una dieta equilibrada y ejercicio físico moderado. Hasta ahí bien.

Lo de la dieta es muy difícil en estas sociedades occidentales donde la industria alimentaria nos mete por los ojos alimentos que duplican o triplican nuestras necesidades calóricas para una vida tan sedentaria y tan poco exigente con nuestro cuerpo como la que llevamos la mayoría de los adultos.

Lo del ejercicio moderado es todavía más difícil. Cada vez tenemos má a mano soluciones para no tener que ver el sudor en nuestra frente para ganarnos el pan pero a su vez ese menor esfuerzo físico va acompañado de un mayor esfuerzo intelectual y mayores jornadas de trabajo que, sin exigir consumo de calorías, sí consiguen dejarnos lo suficientemente agotados como para que el ejercicio físico moderado se nos presente ante los ojos como una muralla tan difícil de escalar como los catorce ochomiles.

Y luego viene alguien y hace este vídeo que te pongo a continuación para que te plantees cuál sería tu futuro en el gimnasio. Y claro, así estamos.

 

razones gimnasio

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