Si el día que los barones del PSOE echaron al Pedro Sánchez de la Secretaría General se hubiese hecho apuestas sobre cuál era su futuro político, muy pocos hubiesen puesto su dinero en la opción que le veía en tres años como presidente del Gobierno. En realidad, nadie. Ni él mismo se lo hubiese imaginado.

Y aquí estamos, tras una exitosa moción de censura haciéndonos un montón de preguntas que sólo el tiempo podrá responder porque el candidato (que exige la moción de censura) se ha presentado sin más programa que la necesidad de echar al corrupto Partido Popular del Gobierno de España.

Rajoy podría haber dimitido a última hora para forzar la convocatoria de elecciones y que fuésemos los ciudadanos los que decidiésemos quién tendría que hacerse cargo de la presidencia del Gobierno pero, en su línea habitual, ha decidido hacer lo que mejor se le da: nada. Así ha permitido que los partidos independentistas lleven a Sánchez hasta la Moncloa.

Quedan dos años para las próximas elecciones y está por ver cuánto aguantará Sánchez en el poder y para qué utilizará su recién estrenado cargo.

¿Tomará medidas a favor de los partidos independentistas que le han votado para llegar hasta el poder?

¿Tomará medidas para deshacer la política económica del Partido Popular?

¿Convocará pronto elecciones o resistirá hasta el final de la legislatura?

Cuando parecía que eran Italia u otros países los que iban a tener problemas, nos hemos encontrado de golpe bloqueados en un mar de dudas. Esperemos que, por el bien de España, Pedro Sánchez acierte con las decisiones que tome.

Por ahora, el país entero está estupefacto viendo el espectáculo político.

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