La tensión sigue aumentando en el estrecho de Ormuz y cada día hay una noticia nueva sobre una bravuconada de cada una de las partes implicadas.

De un lado, Trump dispone de todo el poder económico y militar que le da presidir la primera potencia mundial y del otro lado los fanáticos chiítas siguen con su predisposición a acabar con Israel, con los impuros sunitas y con todo el que no acepte su credo en el mundo mundial… pero no tienen más que armas rudimentarias y una incipiente tecnología nuclear.

Y ese es el quid de la cuestión: el absurdo empeño de Irán de dotarse de armas nucleares (España, Alemania o Japón no las tienen y el nivel de vida en nuestros países a los iraníes les suena a ciencia-ficción) genera una innecesaria tensión que, de otro modo, podría resolverse mediante enfrentamientos de bajo nivel. Pero no, ellos están jugando «a grande» justo en el momento en que en Estados Unidos gobierna un político populista, de esos que no dudarían un segundo en lanzar un ataque si las encuestas les garantizasen que su popularidad se dispararía.

Al resto del mundo no nos queda más opción que seguir como espectadores y esperar que todo siga adelante sin llegar a males mayores.

Por cierto, sea cual sea el conflicto, los especuladores ya ha intentado disparar los precios del crudo en base al miedo al desabastecimiento pero han fallado porque la demanda sigue siendo débil: hay disponible todo el petróleo que sea necesario y más. y eso contando con los tres millones de barriles diarios que Venezuela ha dejado de saacar al mercado… pero eso es harina de otro costal.

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